viernes, 16 de junio de 2017

Un Acercamiento a Nuestra Historia. La Domingo Salazar

         RESEÑA HISTÓRICA  DE LAS RESIDENCIAS DOMINGO SALAZAR

Para la década de los años 1970 el problema del gran déficit de viviendas estudiantiles en la ciudad de Mérida se profundizó, debido al incremento de estudiantes que venían de todo el país, generando fuertes presiones por parte de los estudiantes hacia las autoridades universitarias y al gobierno nacional, mediante intensas protestas donde acusaban a dichas autoridades de no aplicar una efectiva política habitacional en pro de resolver la carencia de el alojamientos para el   gran número de bachilleres que venían de todo el país a la Universidad.

Como una primera salida al problema de la vivienda estudiantil se iniciaron las gestiones para concretar las posibles soluciones por medio de acuerdos entre el Instituto Nacional de la Vivienda (INAVI)- Universidad de Los Andes (ULA) y la Federación de Centros Universitarios (FCU).

Para el año 1975 el diario El Vigilante publica un artículo que hace referencia al problema ocasionado en la ciudad en el que se expone que “Con la adquisición de 190 viviendas en la Urbanización “Albarregas” en Mérida, el gobierno nacional a través del Instituto Nacional de Viviendas da inicio a un extenso programa de residencias estudiantiles en diversas universidades del país”[1].

Sin embargo, los universitarios “señalan como binomio responsable de la aguda crisis de la vivienda a las autoridades universitarias y al gobierno, pues personeros del sector oficial están al tanto de la situación y en más de una oportunidad también han hecho promesas sin cumplir en el tiempo”[2].

El convenio INAVI-ULA-FCU  se llevó a cabo exitosamente, pero en el momento de hacer los trámites para la entrega de los apartamentos, los mismos fueron invadidos por los estudiantes, quienes se negaban a pagar algún tipo de arrendamiento y de servicio. “… cuando se estaba buscando una solución al problema de la vivienda estudiantil, y se estaba conversando con la Federación de Centros en Mérida, los estudiantes invadieron las residencias Albarregas, la ocuparon violentamente y la mayoría se niega a pagar la mensualidad”[3].

No obstante, aunque estas residencias fueron destinadas para aliviar el déficit de vivienda estudiantil, no cumplieron con el objetivo prometido al se invadidas, razón por la cual se reinician las conversaciones entre el gobierno, las autoridades universitarias y el sector privado. Fue difícil llegar a acuerdo alguno por el problema presentado con las Residencias Albarregas pues la compañía Construcciones Residenciales Estudiantiles Barregal Sociedad Anónima (CREBSA) temía que ocurriera lo mismo con estas nuevas edificaciones, sin embargo, a pesar de este inconveniente se retomaron las negociaciones para la construcción de una nueva residencia estudiantil.

En uno de los convenios de INAVI-ULA-FCU se reseña “que como consecuencia de esta toma de las edificaciones, más la negativa a pagar, ninguna institución financiera del país ni pública ni privada quiere financiar proyectos de este tipo, puesto que no se garantiza la recuperación de la misma”[4].  

Al final de tantas reuniones y conversaciones se llegaron a concretar  algunos convenios:
“De acuerdo con el punto quinto del documento suscrito el cuatro de noviembre de 1978 por el Presidente de la República, el Rector de la Universidad de Los Andes, el Presidente del Banco de los Trabajadores y el Presidente de la Federación de Centros Universitarios, la universidad se obliga con la Administradora a lo siguiente:
1.- Designar un Auditor independiente de la Compañía Administradora, con el propósito de conocer periódicamente el funcionamiento contable y administrativo.
2.- No dar inscripción a los estudiantes que no presenten solvencia de pago, expedida por la Administradora.
3.- Solicitar la solvencia expedida por la Administradora, para los efectos de grado.
4.- Aportar a la Administradora una suma mensual equivalente al 50% de los gastos de Administración, la cual no podrá exceder de Bs. 35.000,00  mensuales”.
Antes de que se realizaran las negociaciones con el Banco de los Trabajadores, la Universidad ofreció a la Federación de Centros colaborar por medio de estudios socio-económicos de los estudiantes que habían llenado solicitudes de vivienda.

La colaboración de la Organización de Bienestar Estudiantil (OBE) se reducirá a estudiar cada caso y enviar a la Administradora los nombres de los estudiantes que, además de necesitar vivienda, pudieran pagar el canon de arrendamiento, pero en todo caso, la decisión la tomaba la compañía Administradora.
Las prioridades que tomó en cuenta OBE para estudiar las solicitudes fueron las siguientes:
1.- Matrimonio con más de dos hijos.
2.- Matrimonio con un hijo.
3.- Matrimonio sin hijos, con la cónyuge embarazada.
4.- Madres solteras.
5.- Matrimonios sin hijos.
6.- Estudiantes con hermanos estudiando en la Universidad.
7.- Estudiantes solteros.
Además se tomaba en consideración la capacidad de pago, pues la administradora debía pagar mensualmente al Banco de los Trabajadores la cuota de amortización del préstamo.
OBE recibió 694 planillas de solicitud para las adjudicaciones de los dos primeros edificios que se entregaron el 15 de noviembre.
De esas 694 solicitados OBE recomendó 109.
en la Adjudicación de los dos bloques o apartamentos que se entregaron en febrero de 1979, OBE no tuvo injerencia”[5].

Por medio de la Federación de Centros Universitarios, la Residencia Barregal pasó a llamarse Residencias Domingo Salazar, en honor al joven asesinado en el año de 1969. Fue imposible encontrar un documento que así lo certifique y que nos dé una fecha exacta, pero según el Historiador y actual profesor de la Facultad de Odontología Pino Pascucci, quien fuera para la época integrante de la Federación de Centros Universitarios, señala que fue aproximadamente en el año 1979.

Tomando como referencia los datos ofrecidos por Dilma Rondón en su Trabajo de grado titulado “Caracterización de la agresión en las Residencias Estudiantiles Universitarias Domingo Salazar Rojas, desde el punto de vista de la víctima (durante el período mayo-junio de 2004)”, es a partir de 1985 que la Universidad de Los Andes toma la administración total de las Residencias Domingo Salazar Rojas a través de la Dirección de Asuntos  Estudiantiles (DAES). A partir de este momento la Universidad ha manejado la administración de las residencias Domingo Salazar Rojas de una manera poca apropiada, debido a que el objetivo que se había planteado de unas residencias estudiantiles que proporcionara a los estudiantes de bajo nivel socioeconómico, unas condiciones propicias para un pleno y sano  desenvolvimiento académico, no se ha cumplido, esto lo podemos constatar en que hasta los momentos no ha aparecido una política de mantenimiento de la estructura de las Residencias (colapso de todos los servicios como aguas servidas, agua potable, alumbrado público, aseo urbano, seguridad, etc.).

Esta situación de abandono y violencia institucional continúa vigente hoy, generada por las autoridades universitarias que nunca han tenido interés en promover en los estudiantes que viven  en las Residencias Domingo Salazar un sentido de pertenencia que estimule a estos a cuidar y preservar las instalaciones, a respetar el tiempo establecido para su permanencia en las residencias y dar la oportunidad a otros estudiantes de bajo nivel económico a habitar estos espacios. Además si las autoridades universitarias utilizaran el presupuesto asignado  para las Residencias Domingo Salazar para ofrecer seguridad y atención integral a los estudiantes, los niveles de violencia que se presentan hoy, no serían impedimento  para el buen funcionamiento de las residencias.

La década de los años 90 transcurrió en las Residencias Domingo Salazar entre la indiferencia de las autoridades y los problemas crónicos que la habían venido menoscabando desde hacía mucho tiempo atrás. El deterioro de la planta física de las residencias es notorio, pero el problema más grave es la percepción que la comunidad universitaria y la merideña en general tenían y tienen, de los habitantes de las Residencias Domingo Salazar, estudiantes o no.  Dichas residencias eran y son vistas como un lugar propicio para el delito y sus habitantes son subvalorados y descritos como delincuentes, vagos e individuos incapaces de emprender actividades que produzcan un resultado provechoso.

 Desde nuestro punto de vista consideramos que el origen humilde de la mayoría  los habitantes de estas residencias son el principal fundamento para generar este juicio de valor en contra de los residentes de la llamada Domingo Salazar.

El 22 de febrero de 1999, la Procuraduría General de la República de Venezuela, cumpliendo las instrucciones impartidas por el Ejecutivo Nacional, por órgano del Ministerio de Finanzas declara la transferencia a título de donación pura y simple, perfecta e irrevocable a la ULA:
 “un inmueble constituido por una extensión de terreno, el cual forma parte de la Hacienda Santa Ana, situada en jurisdicción del Municipio Libertador del Estado Mérida, en fecha 03 de noviembre 1975, bajo el Nº 98, folio 175, y siguiendo rumbo 7º 10´ SE bordeando una quebrada hasta bordear el punto 33; desde el punto 33, en dos (2) líneas rectas, la primera con rumbo 60º 50´ NE y una longitud de noventa y cinco metros (95 Mts.), y la segunda con rumbo 61º 90´ SE y una longitud de setenta metros (70Mts) hasta encontrar el punto señalado con la letra B; desde el punto B y siguiendo el rumbo 29º 50´ NE hasta encontrar el punto C; desde este punto último y hasta encontrar el punto J, en tres (3) líneas rectas, la primera con rumbo 39º 10´ NW y una longitud de cincuenta y tres metros (53Mts); la segunda con rumbo 48º 50´ NE y una longitud de cincuenta y nueve metros (59Mts), y la tercera con rumbo 32º 90´ NW y una longitud de treinta y ocho metros (38Mts); desde el punto J y siguiendo rumbo 77º 90´ SW hasta encontrar el punto treinta y dos (32) que es el origen y cierre de este alinderamiento. Este lote se encuentra distinguido con el Nº uno ( Nº 1) en el plano acompañado al cuaderno de comprobantes citados. Sobre el citado terreno fueron construidos cuatro (4) edificios, cada torre tiene dos (2) construcciones demarcadas con la letra “A” y dos (2) construcciones demarcadas con la letra “C”. Las construcciones tipo “A” estás ubicadas a los extremos derecho e izquierdo del edificio y la construcción tipo “C”  está ubicada entre las construcciones tipo “A”. El bloque 1 tiene un total de ochenta y dos (82) apartamentos; el bloque 2 tiene un total de ochenta y dos (82) apartamentos; el bloque 3 tiene un total de ciento seis (106) apartamentos; el bloque 4 tiene un total de ciento veintinueve (129); todo lo cual hace un total de trescientos noventa y nueve (399); los estacionamientos están dispuestos al frente de los edificios, con una capacidad para trescientos cuarenta y ocho (348) automóviles, por lo menos; en total las áreas de acceso incluyendo estacionamiento, plaza, áreas de acceso peatonal y vehicular, tiene un total de doce mil setecientos ochenta metros cuadrados con noventa y cinco centímetros cuadrados (12.780,95 M2), todo conforme con los planes del proyecto que se encuentra en la Ingeniería Municipal. Este inmueble es propiedad de la República de Venezuela, según documento autenticado ante la Notaría Pública Décima Sexta del Municipio Libertador del Distrito Federal, en fecha 3 de diciembre de 1999 anotado bajo Nº 19 tomo Proc H de los libros de Autenticaciones llevados por esa Notaría y que será protocolizado con anterioridad a la presente escritura en la Oficina Subalterna de Registro del Municipio Libertador del Estado Mérida. En consecuencia, en nombre de la República de Venezuela, transmito a la Universidad de Los Andes, libre de todo gravamen y sin condición alguna, la propiedad, dominio y posesión del inmueble descrito y obligo a mi representada al saneamiento en conformidad con la Ley. Quedan comprendidos en esta negociación todos los derechos y acciones que pudieran existir sobre el inmueble transferido, el cual pasa al adquirente en plena propiedad. Y yo, FELIX PACHANO, venezolano, mayor de edad, de este domicilio, titular de la cédula de identidad Nº 3.212.996 actuando en mi carácter de Rector de la Universidad de Los Andes, por medio del presente documento declaro: En nombre de la Universidad de Los Andes, acepto para su patrimonio el inmueble que le transfiere a título de donación por el presente documento. Este instrumento será autenticado por lo que respecta a la firma de JAVIER ELECHIGUERRA NARANJO en una Notaría de la ciudad de Caracas y posteriormente será protocolizado ante la Oficina Subalterna de Registro respectiva. Este documento está exento del pago de toda clase de derechos de conformidad con lo establecido en los artículos 3º y 14º de la Ley Orgánica de la Hacienda Pública Nacional y 52 de la Ley Orgánica de la Procuraduría General de la República y 137 de la Ley de Registro Público. A la fecha de su presentación.” [6]

Por otra parte, para el 15 de abril de 1999 el Consejo Universitario de la ULA, en la Resolución Nº 068, aprueba la constitución de la “FUNDACIÖN RESIDENCIAS ESTUDIANTILES DOMINGO SALAZAR ROJAS DE LA UNIVERSIDAD DE LOS ANDES”, la cual “… es una fundación sin fines de lucro y que tendrá por objeto administrar las Residencias Estudiantiles Domingo Salazar Rojas de la ULA, destinadas a los estudiantes de pregrado y todo aquello que tenga relación con este mismo objetivo…”[7]   

A pesar de la creación de esta Fundación, en el transcurso de la primera década del siglo XXI el padecimiento de las Residencias Domingo Salazar Rojas se ha profundizado,  aunque sus habitantes se han organizado a través de la creación de un Consejo Comunal, el 18 de enero de 2008, para solventar una serie de problemas y elaborar proyectos que activen programas de autogestión que financiaría trabajos de reparación de los edificios y que permitiría generar pequeñas empresas como el proyecto de una manufacturera que próximamente  funcionará en las instalaciones de la Domingo Salazar; es vital que la Universidad asuma el compromiso de invertir recursos en la resolución de graves problemas existentes, como es la falta de un servicio que resuelva la acumulación de desechos sólidos generadores de una gran cantidad de enfermedades, que atacan a todos los que habitan en el Conjunto Residencial.

Hoy el panorama se vislumbra esperanzador, debido a la organización estudiantil que se ha activado para devolverle la dignidad que desde hace mucho tiempo las autoridades universitarias le han negado; pero hoy más que nunca esperamos que la universidad lejos de apartarse de su responsabilidad, asuma el compromiso que le corresponde y ofrezca bienestar a través de la inversión de recursos económicos que permitan resolver los graves problemas que aquejan actualmente a este sector de la ciudad.

Ya es hora de que las Residencias dejen de ser el lado oscuro de la universidad.



La década de 1960 significó para el devenir histórico de Venezuela un período de continuas e intensas convulsiones socio-políticas. Cuya comprensión enmarcamos en dos hechos históricos muy importantes para el país: uno es el derrocamiento de la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez que propició el inicio del período de la llamada “democracia representativa” que desde un primer momento se compromete con el modelo ideológico capitalista estadounidense, hecho que se ve materializado por el famoso “Pacto de Punto Fijo” en el que los principales partidos políticos de ese momento (Acción Democrática AD, Comité de Organización Política Electoral Independiente COPEI y Unión Republicana Democrática URD) consolidan un sistema político aparentemente democrático pero que estaba aliado con las elites económicas venezolanas.

El segundo hecho que tiene trascendencia en el desarrollo de este período histórico es la revolución cubana, liderizada por Fidel Castro quien llega al poder en la isla antillana y su ejemplo de lucha armada y planteamientos ideológicos marxistas opuestos a la maquinaria capitalista norteamericana, se disemina por los países latinoamericanos constituyéndose en una fuente ideológica para los sectores que se oponían en un primer momento a la dictadura de Pérez Jiménez y luego a los gobiernos  generadores del “Pacto de Punto Fijo”, que lejos de eliminar las desigualdades sociales y económicas que habían venido sufriendo los sectores oprimidos que históricamente han representado la mayoría de la sociedad venezolana, fueron acentuadas a favor de los intereses de los sectores tradicionalmente ricos y que desde siempre han obedecido a los intereses de potencias extranjeras.

La rápida asimilación de la experiencia cubana por parte de los sectores de izquierda venezolanos permitió nutrir y fortalecer ideológicamente a los sectores que se oponían a las políticas que se desarrollaban en el país. Esta situación permitió cohesionar un movimiento con una alta conciencia política y social que entendió a todas luces el gran compromiso que tenían de transformar el futuro de los sectores invisibilizados por el sistema imperante desde el comienzo de nuestra historia republicana.

 Los mecanismos  altamente represivos utilizados por los gobiernos “democráticos” contribuyeron a la formación de diferentes modalidades de resistencia. Una de estas  fue la lucha armada, en la que participaron personas de todos los sectores de la sociedad venezolana con perspectivas de poder para darle un nuevo rumbo al país a través de un proceso de inclusión social. La otra modalidad de resistencia fue la activación del movimiento estudiantil organizado de la izquierda venezolana, caracterizado por tener un gran conocimiento de la realidad política y social venezolana, perspectiva que permitió establecer una posición bastante firme y coherente para oponerse al orden establecido dentro y fuera de las universidades.

En 1969 el gobierno de Rafael Caldera plantea una reforma a la ley de Universidades que tenía como objetivo la eliminación de la autonomía universitaria. Este intento pretendía hacer desaparecer un espacio para el debate de las ideas conquistado por el movimiento estudiantil. Esta amenaza contra las universidades obligó a los estudiantes a salir a las calles a protestar. Como respuesta el gobierno aplicó una brutal represión que trajo como resultado la muerte de muchos estudiantes, entre ellos el bachiller José Domingo Salazar Rojas, joven con gran claridad política y sensibilidad social. Después de estos sucesos el movimiento estudiantil logra impedir la eliminación de la autonomía universitaria pero a costa de un alto precio en vidas humanas.

A partir de estas luchas el movimiento estudiantil obtiene muchas reivindicaciones, entre ellas una que era de vital importancia para el bienestar estudiantil, las residencias Domingo Salazar, destinadas a solucionar el grave déficit habitacional que había en la ciudad de Mérida y que perjudicaba a los estudiantes más desfavorecidos económicamente y que mayoritariamente venían de otras regiones del país.

Aunque con el devenir del tiempo la Universidad de Los Andes no ha desarrollado políticas serias y consecuentes con la preservación de las residencias Domingo Salazar y con el bienestar de los estudiantes que allí habitan, estas sobreviven hoy a duras penas luchando contra la indiferencia de las autoridades universitarias, una burocracia incapaz de resolver los problemas crónicos  que padecen estas instalaciones y la estigmatización de sus habitantes por parte de la comunidad universitaria y la sociedad merideña.



Autores.
Huiza O. Zulemmy C.
Jiménez M. Yeritza A.
Molina R. Carlos H.

Mora M. Yuliana.
Estudiantes del Servicio Comunitario.
Mérida 2009. 

























[1] “Extenso programa para dotar de viviendas a estudiantes”. El Vigilante. Mérida, 1 de noviembre de 1975. p.8.
[2] “Estudiantes de la ULA denuncian como crítica situación de la vivienda”. El Vigilante. Mérida, 10 de septiembre de 1977. p. 1.
[3] “Resultado de la reunión celebrada en Caracas con el Presidente de INAVI [1977]”, Archivo Histórico de la Universidad de Los Andes, (Mérida-Venezuela), Acta Convenio INAVI-ULA-FCU, Carpeta OBE. Vagón 14B.
[4] Ibidem.
[5] “Sobre la situación del Conjunto Residencial Barregal [1979]”, AHULA, (Mérida-Venezuela), Acta Convenio INAVI-ULA-FCU, Carpeta OBE. Vagón 14B.
[6] “Traspaso del inmueble del gobierno a la Universidad de Los Andes [1999]”, Archivo de la Coordinación de las Residencias Domingo Salazar Rojas (Dirección de Asuntos Estudiantiles de la Universidad de Los Andes Mérida -Venezuela)
[7] “Fundación residencias estudiantiles Domingo Salazar Rojas FUNDARECIULA, de la Universidad de Los Andes [1999]”, Archivo de la Coordinación de las Residencias Domingo Salazar Rojas (Dirección de Asuntos Estudiantiles de la Universidad de Los Andes Mérida -Venezuela)

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